lunes, 6 de octubre de 2008

En la sangre- Eugenio Cambaceres- complementos 4


LA ACTUALIDAD DE EUGENIO CAMBACERES COMO ESCRITOR DE LOS AIRES CULTURALES EUROPEOS.

por Andrés Cáceres Milnes

Universidad de Playa Ancha

No cabe duda que los aires culturales de Europa no son ajenos a los hombres ilustrados del siglo XIX. Hacia 1880 el naturalismo era en Francia un movimiento estético que se había impuesto definitivamente en los medios literarios con toda su doctrina positivista, determinista y experimental que Emile Zola sintetiza en su concepción moderna del quéhacer novelesco. Evidentemente que esta mentalidad ejerce una fuerte influencia en la recepción que tuvieron los escritores liberales y progresistas de nuestro continente, especialmente en el Río de la Plata. Ellos buscaban nuevas formas de interpretación de la realidad para desentrañar fidedignamente los vicios que aquejaban a la sociedad. Esto, desde una perspectiva externa y objetiva, razón suficiente para establecer parámetros morales mediante un narrador que observa y experimenta científicamente el comportamiento de los hombres.

La irrupción de esta teoría naturalista en Argentina se da conjuntamente con la llamada ‘generación del 80’, siendo Eugenio Cambaceres el representante máximo. Incluso, ha sido considerado por la crítica como el iniciador de este proceso a partir de su obra Pot-pourri hasta llegar a su última novela - En la sangre - donde desarrolla estrictamente los preceptos zolescos.

El presente trabajo pretende dar cuenta precisamente de las características e importancia de la novela naturalista en Argentina. Para ello, abordaremos al escritor Eugenio Cambaceres considerado el padre del naturalismo y la novela moderna de ese país.

La recepción cultural del código naturalista tuvo en Cambaceres una plena cabida. Sin embargo, aproximarse a su narrativa exige una mirada desde "afuera" hacia "adentro" como método que nos permita comprender la coherencia de sus principios ideológicos desplegados en el plano narrativo. Vale decir, la lectura de la producción literaria de este escritor la vamos a acotar de acuerdo a los siguientes núcleos problemáticos:

1 .Influencia y recepción del naturalismo en el aire cultural de Argentina.
2 .Repercusión en la creación novelesca de Cambaceres.
3. Fundación de la novela naturalista y moderna.
4. La generación del 80 y el tema de los inmigrantes.

La perspectiva literaria de Eugenio Cambaceres está teñida por la parcialidad con que describe las situaciones sociales e históricas de la época. Además, entre los escritores del 80, se destaca por ser uno de los primeros en ensayar con un esbozo de organicidad e integración literaria los preceptos culturales provenientes de Europa. De ahí su importancia, pues con él nace un nuevo discurso literario como fundamento crítico de una realidad porteña que oscilaba entre el concepto de aldea y metrópolis, en un momento histórico donde el progreso estaba sometido al influjo inmigratorio. En este sentido, la escritura argentina no deja de lado los grandes temas que surgen junto a la modernidad positivista: el auge económico y la debacle de la Bolsa, el materialismo visto en la especulación financiera, la carencia de sentimientos o descristalización amorosa, la corrupción de la ciudad e idealización del campo, la invasión extranjerizante y la predilección por el mundo de las apariencias,etc. En el fondo, trataremos de ver la transferencia cultural del naturalismo europeo y su repercusión en el aire cultural argentino específicamente en el escritor Eugenio Cambaceres.

1.0.- Eugenio Cambaceres, el naturalismo y la novela moderna en Argentina

Este escritor nació en Buenos Aires en 1843 y murió en la misma ciudad el año 1889. Su padre fue un francés llamado Antonino Cambaceres que llegó a Argentina como inmigrante en el año 1833. Una vez establecido en el país invirtió su fortuna en la compra de campos, transformándose así en un poderoso estanciero. Por entonces, se casó con una mujer porteña llamada Rufina Alais. De esta unión nace Eugenio Modesto de las Mercedes Cambaceres.

Él cursó estudios en la Facultad de Derecho y Leyes, graduándose de abogado en 1869. Fue un porteño que incursionó en política bajo el ideario liberal y progresista, perteneció al distinguido Club del Progreso, ocupó un puesto en el Congreso de la Nación y se caracterizó por tener una cultura francesa. Esta cultura la heredó de su familia paterna, los viajes a Europa y el conocimiento e influencia del novelista Emilio Zola. Obviamente que su vocación literaria era notoria. Tal es así, que representó en la narrativa argentina una búsqueda permanente de nuevas formas de expresión literaria, verdadero desafío a las buenas costumbres de la época. Hemilce Cárrega dirá que "no tuvo él reparos en ir más allá de los toques convencionales de su tiempo para alcanzar en sus escritos, así como también en sus personales actuaciones públicas, la nota capaz de provocar el escándalo, la reprobación, en el ambiente propio de Buenos Aires todavía gran aldea.". Lo cierto es que su narrativa desde el comienzo aparece caracterizada bajo el canon cultural del naturalismo francés, estética que le permitió alcanzar una dimensión originalmente realista del mundo narrado hasta el punto de ser considerado el fundador del naturalismo no sólo en Argentina, sino en Hispanoamérica.

Este autor se muestra como un agudo observador de las costumbres de su tiempo, especialmente del medio porteño al que pertenecía. Su actitud lo lleva a enjuiciar con un realismo crítico el momento histórico y el medio ambiente de la ciudad. La atmósfera aldeana del Buenos Aires de fin de siglos era el eje de su crítica, exhibiendo las lacras que corrompen el entramado social como una forma de denuncia despiadada del comportamiento real de la aldea capitalina. La producción novelística se centró "en aquella zona de las costumbres que la hipocresía social manda tener velada; pintó lo instintivo y lo grotesco tal como lo veía en su modelo real. Por todo ello, la publicación de cada uno de sus libros resultó un escándalo en nuestro medio todavía aldeano". Vale decir, sus novelas fueron los primeros relatos indagatorios sobre la vida de los instintos tal como aparece en el color local del ambiente citadino.

Así es como su producción literaria adquiere notoriedad a partir de la publicación de la novela Pot-pourri (1882), subtitulada Silbidos de un vago. Luego aparecen Música sentimental (1884) con el mismo subtítulo de la novela anterior, Sin rumbo (1885) y En la sangre (1887). Estos textos van delineando las características narrativas de un escritor que es considerado como uno de los fundadores de la novela argentina.

La intuición narrativa de Cambaceres, - perteneciente a la llamada generación del 80 - no está solamente en dar una reseña político-social y un estudio psicológico de los personajes, sino también en desplegar un proyecto literario adscrito a la teoría de Emilio Zola, especialmente con sus dos últimas novelas. Martín García Merou dirá que con él nace la novela argentina moderna en un momento en que la corriente naturalista se había preocupado de desnudar los vicios de una sociedad volcada a relucir "la bestia humana".

Este escritor - el primer novelista de la generación naturalista argentina- presenta notables dotes de un narrador capaz de depurar las falsas ilusiones de la condición humana mediante una mirada superior sustentada en las convicciones del método cientificista. Por eso, para comprender su producción literaria es necesario situarse en el canon naturalista como un modo de representación de lo real. Es indudable que movido por un afán progresista y reformador adopta esta teoría para enjuiciar con rigidez ideológica los códigos de su clase.

El rasgo predominante que asume Cambaceres en su narrativa es la concepción positivista de la literatura basado en un criterio científico y un método crítico de naturaleza empírica. La literatura entendida como una creación imaginaria de mundos posibles presenta - entre otras cosas - una preocupación permanente por la raza nacional, los inmigrantes y la xenofobia como atributos de una expresión de la sociedad que toma cuerpo a través de una función cognoscitiva de la narración, nota fundamental en el dominio de la novela naturalista. Esto nos está señalando la influencia que ejerció en su escritura el código naturalista como un sistema de preferencias que desentraña el comportamiento humano en forma individual y social. Él construye un discurso imaginario que pone al desnudo los vicios sin ninguna conmiseración. Vale decir, su disconformidad alcanza a todas las manifestaciones del ambiente social porteño y tiene en el marco doctrinario del naturalismo francés, la orientación estética que le permitirá llevar a cabo su osadía de criticar las contradicciones de esta sociedad.

La interpretación de la realidad en la novela de Cambaceres va a estar fuertemente impregnada por los aires culturales de Europa. Por ejemplo, el carácter científico de concebir el mundo, el concepto del fatalismo de corte eminentemente determinista, la lucha por la existencia, la ley de la herencia, la fuerza instintiva de la sangre y el arrebato de la bestia. De modo que nos encontramos con la figura de un narrador que adquiere formas sociológicas, propio de un experimentador que aspira a dar una mirada positivista de la realidad, descolgándose de todo sentimiento personal para convertirse en un narrador absolutamente impasible, capaz de disponer del material narrativo según los dictados de la observación y la experiencia, especialmente en las novelas Sin rumbo y En la sangre.

Con la tendencia naturalista, veremos a un narrador que se caracteriza por su capacidad de interpretar la realidad mediante la construcción de un escenario narrativo fielmente representativo del temperamento de los personajes, enseñoreándose en la seguridad que otorga el prestigio de la ciencia y en el ordenamiento sistemático de los hechos. Así es como las novelas son verdaderos documentos humanos. Este estudio de la sociedad reproduce miméticamente lo mórbido y patológico sin restricciones ni proceso selectivo: espejo de una realidad que está sometida a la lógica de la ciencia.

En el fondo, es la observación y experimentación de un narrador sagaz que ve la vida espasmódicamente a través del esfuerzo pesimista que trasluce la bestia humana como una experiencia infausta de la ambición y avaricia de la sociedad bonaerense. Además, asume una concepción de vida sórdida y discriminatoria con el inmigrante, tema central en el naturalismo argentino. Por otra parte, está la presencia de un nuevo protagonista que aparece tratado literariamente en forma seria: el pueblo. Para la representación de este cuadro narrativo, emerge un narrador omnipresente que se da el lujo demiúrgico de comentar, disgregar, explicar y hacer verdaderos sumarios diegéticos con la idea de darnos una imagen de la realidad acorde a los principios naturalistas.

La visión científica de la realidad la encontramos elaborada en el positivismo de Comte, en el concepto de la evolución de Darwin, en el pesimismo de Schopenhauer y en las tres fuerzas primordiales de H. Taine. Por otra parte, también tenemos el método experimental que aplica Emilio Zola a la novela. Vale decir, estamos en presencia de una aprehensión de la realidad objetiva bajo el signo irrestricto del conocimiento científico. Ahora los acontecimientos narrativos son ordenados, siguiendo las pautas de un experimento donde los personajes actúan entre sí y con la circunstancia a la luz de la observación de sus propios comportamientos. Además, se conocen los antecedentes hereditarios y los componentes del carácter y la raza, lo que desencadenará un fin narrativo previsible producto de la hipótesis planteada como fundamento de una ley científica. Por lo tanto, las novelas de Cambaceres como Sin rumbo y En la sangre nos presentan un narrador fiel a los principios zolescos: posee el saber absoluto del mundo narrado. En otras palabras, es un narrador superior e informado que se pone en evidencia por su saber científico de los hechos y por el dominio y conocimiento de todo.

Cédomil Goic dirá que "la forma interior de la novela naturalista, su esencial ley de estructura, está constituída por la oposición entre realidad de verdad y apariencia, en que la relación debe ser comprendida en tanto cuanto es una oposición cognoscitiva. Conocimiento y error pueden sustituir adecuadamente los términos anteriores. La realidad de verdad es la del conocimiento científico y de la ley natural que experimentalmente se conoce; la apariencia es ilusión engañosa, subjetivismo acientífico, irracionalidad e indeterminación" (1980: 107). La hegemonía del programa impuesto por el código naturalista está dado por los criterios veristas de la novela decimonónica que, en el fondo, influye poderosamente en la configuración del narrador. Hay una plena certeza por la veracidad en la interpretación de la realidad mediante un narrador que asume una conducta edificante y moralizadora y que acentúa, a la vez, el valor documental y de estudio social en la sistematización enunciativa de un discurso sustentado en la doctrina positivista, lejos de toda ilusión subjetiva.

El mundo de la bestia humana es la zona que revela la novela naturalista y Cambaceres no es ajeno a esta realidad. Pues su narrativa despliega segmentos instintivos e irracionales, mórbidos y patológicos que se sostiene en un atavismo prácticamente bárbaro. El principio de convergencia se da a través de la representación de un sector social característico en la vida decimonónica de Argentina: la vida dramática y conflictiva de los inmigrantes.

Los ámbitos por donde discurre el discurso naturalista de Cambaceres corresponde a aquellos lugares de la existencia humana que nos revelan la expresión de un fundamento de la realidad eminentemente nacional, secularizada y "sin rumbo" propio de personajes que arrastran el estigma de la inmigración "en la sangre". Estos personajes pululan como muchedumbre atrapados por el engranaje atávico de la maquinaria naturalista, verdadera piedra rodante que transporta a "la bestia", o sea, son funcionales a los propósitos de la estética en cuestión, pues cada uno de ellos representará un estado de ánimo desde el momento que provienen de un determinismo originario como herencia patológica. En este sentido, la novela es una auténtica experiencia del sentido de lo real que responde a los rasgos predominantes de la novela naturalista.

2.0.- El naturalismo de la generación del 80

La novela moderna en Argentina surge en un momento en que la inmensa mayoría aplaudió la ola de prosperidad material, el auge de los negocios, el crecimiento prodigioso de la capital y el brillo de una vida social que redujo a la nostalgia las costumbres aldeanas. Vale decir, factores de índole económicos, políticos y sociales rodearon el aire cultural de la generación del 80, caracterizada fundamentalmente por el liberalismo y el problema de la inmigración.

Esta generación recepcionó y cultivó los modelos culturales europeos en un momento en que la sociedad argentina evolucionaba hacia formas de vida marcada por el progreso y el cosmopolitismo (Buenos Aires deja de ser considerado como una aldea para convertirse en una ciudad o metrópolis). Por ejemplo, el positivismo se transforma en el gran proyecto literario de los escritores caracterizados en ese momento por su conciencia profesional, fragmentarismo, erudición, xenofobia y humor.

La política inmigratoria despertó en los hombres del 80 una sensibilidad xenófoba frente al inmigrante. Los grupos sociales aristocratizantes salieron en defensa de un estilo de vida nacionalista como una respuesta clasista a la invasión de extranjeros. Sin embargo, la convulsión generacional no estuvo centrada exclusivamente en el tema de la inmigración y el consiguiente nacionalismo, sino que también el liberalismo y la tradición católica aglutinaron la discusión ideológica. Así es como todas estas condiciones, que significaron la transformación de la sociedad argentina en el siglo pasado, especialmente el paso de aldea a ciudad de la metrópolis, incidieron en la llamada "generación del 80".

Esta generación se estructura alrededor de un eje central: servir de testimonio de la realidad inmediata, o sea, convertir la literatura en espejo de la sociedad argentina. Desde este punto de vista, el realismo genérico se adscribe a los códigos naturalistas de acuerdo al auge cientificista que proviene de Europa. Pero, como dice Rusich, el naturalismo de los autores del 80 tiene el propósito de "mantener el status quo y los privilegios de su clase y no la transformación de la sociedad en una sociedad más justa y humana" como lo postulaba Zola. Sin duda que Eugenio Cambaceres fue el fiel exponente de esta línea.

Este sistema literario-cultural juega a favor de la irrupción del género novelesco considerado como signo de madurez de una sociedad que va adquiriendo una fisonomía propia. Por primera vez la novela asume un carácter que le confiere la categoría de género autónomo, es decir, provisto de las condiciones históricas necesarias para desarrollarse estéticamente. Indudablemente que dentro de este sistema del género novelesco opera el influjo europeo de Zola como proyecto literario que da origen a la novela naturalista argentina. El mandato cultural de la época imponía asumir los postulados positivista europeos, especialmente los franceses. De esta forma, se adoptó el naturalismo francés, sin advertir que el programa literario correspondía a otra realidad histórica. Así se explica que las novelas de Eugenio Cambaceres adopten más las técnicas y mecanismos de Zola que sus objetivos fundamentales. En razón con esto, la última novela de este escritor - En la sangre - cumple los preceptos naturalistas en forma estricta de acuerdo a uno de los temas decisivos del momento: la cuestión de los inmigrantes.

2.1.- El tema de la inmigración en Cambaceres

La generación del 80 veía al inmigrante con cierto desprecio y temor. Este sentimiento poco optimista se debía a una política indiscriminada sobre el fenómeno de la inmigración durante la administración de Julio A. Roca (1880-1886) y de Miguel Juárez Celman (1886-1890). En este período llegan italianos y españoles, luego en menor grado franceses, alemanes e ingleses. La mayoría de estos "gringos" se asentó en las grandes ciudades como Buenos Aires y Rosario, dando origen, con el tiempo, a la clase media y al proletariado urbano.

Esta oleada inmigratoria creó enormes dificultades en Buenos Aires, pues la ciudad no estaba preparada para recibirlos, lo que dio lugar a la formación de los conventillos, verdaderos hacinamientos que provocaban las epidemias como la fiebre amarilla y el cólera. Vale decir, se forma una imagen estereotipada del inmigrante con una fuerte carga negativa que los caracterizaba por su brutalidad, avaricia y miseria. Esta visión pesimista originó un sentimiento de xenofobia que coincide con el pensamiento de Cambaceres.

La aspiración fundamental de los inmigrantes era mejorar su condición económica con el propósito de vivir en forma superior al que estaban acostumbrado en su país natal. Esto los llevó a luchar por la vida y el éxito fuera de las normas morales, con presencia de gente corrupta y de modo ajeno a un sentimiento solidario ante la comunidad argentina. La condición de extranjeros generó tensiones entre ellos que finalmente repercutió en los hijos por medio de una ansiedad y nerviosismo que causó estragos en sus vidas. Muchos "gringos" arrastraron a su descendencia por un camino cotidiano del desborde, agotando la existencia moral y sus sueños hasta llegar a la frustración.

Algunos regresaban a Europa desilusionados por la falta de oportunidades, otros retornaban enriquecidos: "los que se iban mostraban una inadaptación o un desinterés por el país que los había acogido; y a este respecto se ha señalado que la participación del inmigrante en la vida política nacional era nula. De hecho, se les invitaba a participar en la vida económica, pero no ocurría lo mismo en la política: los inmigrantes no eran estimulados para nacionalizarse, ni tampoco les resultaba ventajoso, pues conservando su nacionalidad estaban eximidos del servicio militar". Ellos fueron muy reticentes a participar en el proceso político de su nuevo país e incluso a nacionalizarse. Si bien no se incorporaron a la vida política, algunos de ellos traían, entre otras cosas, ideas combativas provenientes del anarquismo y el socialismo, hecho que repercutió en los conflictos sociales de los obreros. Esta situación llevó a que se promulgara la Ley de Residencia que haría posible la expulsión de todo inmigrante indeseable (22 de Noviembre de 1902, durante la segunda administración de Roca). Tuninetti, por otra parte, nos dirá que si bien es cierto los inmigrantes realizaron progresos en sus posiciones sociales y económicas, siguieron excluidos del poder económico que entonces estaba en manos de la élite.

Estos aspectos de la vida del inmigrante y la problemática de su incorporación en la sociedad argentina no fue ajena a la narrativa de Cambaceres. Él no toma partido por el "gringo" en cuanto a su descendencia y posterior herencia. Esto guarda relación con la perspectiva que asume el narrador que se opone a la inmigración europea producto de su baja calidad y porque la juzga desastrosa para el futuro argentino. Por ejemplo, la novela En la sangre nos plantea diversos aspectos relacionados con este problema en el plano de la herencia biológica y moral del "gringo" llegado a Buenos Aires. En general, las obras de este escritor presentan la herencia negativa de esta casta, derivada de una inmigración individual o masiva y considerada socio-culturalmente baja.

Hemilce Cárrega dice que "tal vez la actitud asumida por Cambaceres nacía en él, como en otros hombres del 80, de ciertos desencantos que empañaban la vida pública argentina después de Caseros. Es decir, después de un hecho que había creado expectativa en cuanto a un accionar cuya meta era organizar el país, tomando como base indispensable a las instituciones – el poder de las instituciones – antes que la prepotencia, el despotismo de los mandones de turno y los grupos oportunistas que inevitablemente los rodean". En otras palabras, el inmigrante y su descendencia provocan actitudes inescrupulosas, así como de extravagancias que desembocan en lo ridículo y despreciable. Genaro, el protagonista de En la sangre, es hijo de inmigrante y representa – por ejemplo - la ambición desenfrenada, teñida de una conducta materialista y violenta. Él está sometido al más riguroso determinismo, el fatalismo de su degradación proviene de estas fuerzas inmutables de la naturaleza.

Bibliografía

I.- General

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Comte, Augusto (1982), Catecismo positivista o Exposición resumida de la religión universal, Madrid, Editora Nacional.

Dorfman, Ariel (1970), Imaginación y violencia en América, Santiago, Editorial Universitaria S. A.

Goic, Cédomil (1980), Historia de la novela hispanoamericana, Santiago, Ediciones Universitarias de Valparaíso.

.Promis, José (1993), La novela chilena del último siglo, Chile, Editorial La Noria.

Taine, Hipólito (1866), Histoire de la littérature anglaise, Introduction (Trad.: Historia de la literatura inglesa. Introducción. Traducido por José de Caso).

Zola, Emile (1975), La novela experimental, Santiago de Chile, Editorial Nascimento.

Zola, Emile (1989), El naturalismo, Barcelona, Ediciones Península.

II.- Específica

Apter Cragnolino, Aída (1989), "Ortodoxia naturalista, inmigración y racismo en ‘En la sangre’ de Eugenio Cambaceres". Cuadernos Americanos.

Arrieta, Rafael Alberto (1959), Historia de la literatura argentina, Tomo III, Buenos Aires, Peuser.

Cambaceres, Eugenio (1968), En la sangre, Buenos Aires, Editorial Plus Ultra.

Cárrega, Hemilce (1997), Aspectos del inmigrante en la narrativa de Argentina, Buenos Aires, Ediciones El Francotirador.

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Madrigal, Luis Iñigo (1987), Historia de la literatura hispanoamericana, Tomo II: Del neoclasicismo al modernismo. Madrid, Cátedra.

Orgambide, Pedro y Yahni, Roberto (1970), Enciclopedia de la literatura argentina, Buenos Aires, Sudamericana.

Rojas, Ricardo (1964), Historia de la literatura argentina. Ensayo filosófico sobre la evolución de la cultura en el Plata. Volumen VIII, Los Modernos, Tomo II, Buenos Aires, Ed. Guillermo Kraft Limitada.

Rusich, Luciano G. (1983), El inmigrante italiano en la novela argentina del 80. Chasqui.

Tuninetti, Angel T. (1995), "Sexo, sangre y naturalismo" en En la sangre de Eugenio Cambaceres. Delivered at the 1995 meeting of the Latin American Studies Association, The Sheraton Washington, USA.

III.- Revistas

La historia de la literatura argentina. Adolfo Prieto, Capítulo 19: La generación del 80: las ideas y el ensayo. Capítulo 20: La generación del 80: la imaginación. Capítulo 22: El naturalismo y el ciclo de la Bolsa. En: Buenos Aires, 1967, Centro Editor de América Latina.

Schade, George D., El arte narrativo en Sin Rumbo. En: Revista Iberoamericana, Nº 102-103, Enero-Junio de 1978, Vol. XLIV, Universidad de Pittsburgh.

Marun, Gioconda, "Relectura de Sin Rumbo: Floración de la novela moderna". En: Revista Iberoamericana, Nº 135-136, Abril- Septiembre de 1986, Vol. LII, Universidad de Pittsburgh.

En la sangre - Eugenio Cambaceres- complementos 5


Fernando Ainsa

Entre Babel y la Tierra Prometida. Narrativa e inmigración en la Argentina

La inmigración en el proyecto argentino
El mito babilónico
El discurso xenófobo y tradicionalista
Virtudes del inmigrante y literatura popular
El mito de la tierra prometida
El brío de la juventud americana
Y el mito continúa

Pocas literaturas han reflejado mejor el variado aporte inmigratorio a la identidad cultural nacional y las diferentes actitudes que ha ido generando en el cuerpo social colectivo que la prosa narrativa histórica argentina. Las relaciones entre “memoria e historia” poseen en el caso de la Argentina una compleja articulación y han generado una creciente “conciencia histórica de grupo”, cuyos jalones más notorios vale la pena recapitular en la sugerente perspectiva de futuros estudios. Proponemos a continuación, un repaso a los hitos más significativos de una narrativa que ha hecho historia en la medida misma que la inmigración le ha procurado el tema de su intensa movilidad.

La inmigración en el proyecto argentino

Desde los orígenes de la nación independiente argentina se plantea el interés de que se traigan “sabios y artistas” de todos los países, como le pide Mariano Moreno a Manuel Aniceto Padilla en las instrucciones del 9 setiembre de 1810 y reitera después Rivadavia con la ley de enfiteusis y la instalación de la primera colonia de inmigrantes en San Pedro en 1825.
Sin embargo, es con la Constitución de 1853 que la política inmigratoria adquiere una verdadera dimensión nacional. La necesidad de aumentar la población argentina se proclamó en el Preámbulo y se consagró explícitamente en el Artículo 25:
El gobierno federal fomentará la inmigración europea y no podrá restringir, limitar, ni gravar con impuesto alguno la entrada en el territorio argentino de los extranjeros que traigan por objeto labrar la tierra, mejorar las industrias e introducir las ciencias y las artes1.
La intención del constituyente es clara. Se trataba de estimular la llegada al país de inmigrantes “calificados”. Razones culturales y geográficas, por no decir raciales, llevaban a preferir los de origen europeo. La iniciativa no era filantrópica, sino que se inscribía en un plan elaborado de población y ocupación del territorio. Había que llenar el vacío humano de un espacio de fronteras vulnerables. Hacia el norte, para marcar con nitidez la diferencia entre una Argentina que aspiraba a ser europeizada y una indo-américa a la que se percibía como esencialmente diferente y cuyos límites debían fijarse con la misma intensidad con la que hacia el sur y el oeste se rechazaba (cuando no se exterminaba) a las poblaciones indígenas.
La doble vocación de la política inmigratoria era, pues, congruente en el espíritu del legislador. Por un lado, se trataba de poblar un territorio para consolidar una nación, fijando con claridad sus fronteras y, al mismo tiempo, el proyecto tenía un explícito propósito civilizador. La inmigración debería erradicar la barbarie gaucha, proceso que suponía “desespañolizar” para europeizar. Italia formaba parte del proyecto. Por ello, cuando Sarmiento viaja a Europa afirma en forma reverencial: “Necesito educarme en Italia (....) para hablar de bellas artes y de teatros”2.
Sarmiento no tenía dudas. No “hay otro mundo cristiano civilizable y desierto que la América”, y entre los pueblos de este continente, sólo la Argentina está llamada “a recibir la población europea que desborda como el líquido de un vaso”. El único modo de transformar el desierto americano en una tierra feraz era poblándolo con laboriosos inmigrantes.
Juan Bautista Alberdi parte de un esquema similar: “El terreno es la peste de América, como lo es en Europa su carencia”, “hay que escapar de la soledad; poblar nuestro mundo solitario”; para lo que propone una inmigración “civilizada”, cuyas virtudes ensalza:
Cada europeo que viene, nos trae más civilización en sus hábitos, que luego comunica en estos países, que el mejor libro de filosofía (......) ¿Queremos que los hábitos de orden y de industria prevalezcan en nuestra América? Llenémosla de gente que posea hondamente estos hábitos. Ellos son pegajosos : al lado del industrial europeo, pronto se forma el industrial americano 3.
Apenas sancionada la constitución de 1853, llegan a la Argentina los primeros inmigrantes. El proceso se acelera en los años sucesivos, al punto de que en menos de veinte años (entre 1889 y 1909) la población de Buenos Aires se duplicó. En cinco años (1886-1890) entraron a la Argentina 591.383 inmigrantes. En 1895 un 34% de la población total estaba constituida por extranjeros, concentrados en su mayoría en la capital y en las ciudades del litoral. Entre 1901 y 1910 llegan a la Argentina 1.120.200 inmigrantes, siendo l906 el año record con 302.200. Las nacionalidades de origen son muy diversas, pero la proporción de italianos es la más importante. De 1890 a 1909 ingresan al país 506.577 italianos de los cuales más de 190 mil se quedan en Buenos Aires y la zona de la Capital Federal 4.
Para tener una idea de la importancia del fenómeno argentino en el contexto americano es interesante anotar que, entre l824 y l924, cincuenta y dos millones de personas dejaron Europa, de los cuales el 93% vinieron a América (un 72% a los Estados Unidos y un 21% a América Latina) y el 7% restante se fue a Australia. De los once millones que emigran a América Latina, más del 50% es absorbido por un solo país -la Argentina- un 36% por el Brasil, un 5% por el Uruguay, y el 9% restante se reparte entre los otros paises del hemisferio 5.

El mito babilónico

Con la inmigración masiva, la actitud de los dirigentes cambia. Tanto Sarmiento como Alberdi no tardaron en comprobar que los inmigrantes que llegaban a la Argentina no eran los calificados e idealizados trabajadores que se esperaba. No todos eran alfabetizados industriosos y la mayoría provenía de las regiones más pobres del sur de Europa. Por otra parte, entre la enorme masa inmigratoria- como señala Gladys S.Onega - “llegan líderes obreros expulsados de sus países por cuestiones sociales y obreros entrenados en la lucha de clases 6.” Con la emigración irrumpen ideas nuevas (socialismo y anarquismo) y reivindicaciones sociales derrotadas en Europa que se reiteran esperanzadamente en América. La inmigración proyectada no tiene nada que ver con la realidad a la que deben hacer frente los dirigentes políticos. El inmigrante deja de ser una esperanza, para ser una amenaza.
Poblar se convierte en sinónimo de “corromper“. En la alegoría Peregrinación de Luz del Día, Alberdi ironiza:
Gobernar es poblar...pero cuando se le puebla con inmigrantes laboriosos, honestos, inteligentes y civilizados; es decir, educados. Pero poblar es apestar, corromper, embrutecer, empobrecer el suelo más rico y más salubre, cuando se lo puebla con inmigraciones de la Europa más atrasada y corrompida 7.
No todo lo que es europeo es civilizado. Europa abriga “millares de salvajes y bribones de peor tipo que los peores indígenas de América.“ Las Pampas - en resumen - están en París; la Patagonia en Londres. Alberdi entiende que la inmigración que educa y civiliza no es espontánea en los países nuevos y que debe ser, por lo tanto, elegida. “La población civilizada y libre no emigra espontáneamente sino a países libres y civilizados, ricos y seguros.” En forma más radical editorializa en 1887:
Lo más atrasado de Europa, los campesinos y gente ligera de las ciudades, es lo primero que emigra. Véalo en el desembarcadero....8.
Para Alberdi la conclusión es obvia: “Nadie que vale algo emigra para empeorar su condición”. Por otra parte, a causa de los latifundios y pese a la ley de enfiteusis, los inmigrantes se quedan en su gran mayoría en las grandes ciudades como Buenos Aires, Santa Fe y Rosario. En otros casos, simplemente decepcionados por las dificultades de implantación en el campo, abandonan la agricultura y se instalan en los suburbios urbanos, provocando la reacción de Alberdi: “El arte de poblar no es poblar lo que está poblado“, sino “lo que está desierto.”
El mito civilizador cede rápidamente al mito babilónico. La ciudad de Buenos Aires son “las puertas de Babel” que novelará años después Héctor Pedro Blomberg 9. La desordenada realidad ciudadana, deroga el proyecto utópico. Como titula significativamente Mateo Booz una de sus novelas: La ciudad cambió de voz. El inmigrante sigue siendo extranjero, no hay “transustanciación” - lo que hoy llamaríamos transculturación -pues “cada uno queda lo que fue”. Esta realidad inesperada provoca reacciones encontradas y, en cierto modo, complementarias.
- Por un lado, se idealiza el pasado americano que ya no existe, especie de Edad de Oro de un mundo gauchesco al que se le otorgan retroactivamente las virtudes que se le habían negado en su tiempo.
- Por el otro, se rechaza en forma xenófoba, cuando no racista, la vasta masa inmigratoria extranjera que ha llegado al país.
Si la primera se traduce en una literatura que ensalza hasta llegar al estereotipo las virtudes de un gaucho legendario y de la cual Martín Fierro de José Hernández es su ejemplo paradigmático, la segunda noveliza los males de la inmigración en las obras de Eugenio Cambaceres y en La Bolsa de Julián Martel. El italiano cuando no es perezoso, es punga como en Pot-pourri. En la sangre (1897) Cambaceres va aún más lejos. Genaro es argentino, pero como hijo de inmigrante italiano prolonga en su herencia biológica, psicológica y cultural, las taras y la amoralidad de sus padres.
El discurso xenófobo y tradicionalista
Las virtudes originales que se adjudicaban al inmigrante se han transformado en su opuesto. Atraso y brutalidad, avaricia e ignorancia, sustituyen al esperanzado papel civilizador europeo. El extranjero -afirma Martel10- ha contagiado un culpable egoísmo importado “¡A nosotros, los argentinos!”. La reacción es, incluso, violenta como refleja Juan Antonio Argerich en Inocentes o culpables (1884):
En mi obra me opongo franca y decididamente a la inmigración inferior europea, que reputo desastrosa para los destinos a que legítimamente puede y debe aspirar la República Argentina 11.
Influido por el naturalismo de Zola, Argerich afirma haber estudiado “una familia de inmigrantes italianos”. Su protagonista, el fondero Giuseppe Dagiore, aparece como un avaro que piensa en “mucho dinero, dinero y nada más”, porque “su hambre de oro no expresaba ningún deseo, era la animalidad descarnada del avaro”. Las descripciones lombrosianas sobre Dagiore se acumulan: “raza cretina de la avaricia por la avaricia“ (p.24), “frente pequeña y deprimida” (p.9), “pecho ancho y exuberante de vegetación cerdosa” (p.9), “sonrisa de bestia” (p.8) en una trama que incluye brutalidad, locura, degeneración, alcoholismo, adulterio, suicidios y muertes. Esta pretendida “condición inferior” del inmigrante se transmite a los descendientes. “De padres mal conformados y de frente deprimida”, no puede surgir “una generación inteligente y apta para la libertad”, asegura Argerich. Por lo tanto, el hijo de inmigrante, engendrado en una noche de borrachera por un hombre avaricioso y cansado de la dura faena del día, tendrá su cerebro endeble, carecerá de inteligencia, será víctima de la sífilis y terminará en el suicidio.
La xenofobia ante-italiana se reitera en Charlo Lanza (1890) de Eduardo Gutiérrez, donde se cuenta la vida de un aventurero que ha realizado su sueño de emigrar a América: “¡ El en América, realizando su sueño dorado de inmensas riquezas!”.
Aquella imaginación febril y activa se trazaba los mayores planes de riquezas, los negocios más fabulosos y enredados, cuyo resultado era siempre una fortuna inmensa y una posición respetable y fabulosa 12.
Al darse cuenta que no es verdad que “no había más que venir a América y recoger las onzas de oro que andaban tiradas por las calle” 13, Carlo Lanza se dedica a estafar a sus compatriotas y llega a acumular una fortuna. La novela se convierte en testimonio de la “falacia del espejismo de riquezas y prosperidad de América en los años 80”. En Lanza, el gran banquero (1890), el mismo Gutiérrez narra el retorno triunfante de Lanza a Italia, pero lo hace para derrotarlo progresivamente en su propio medio. En Italia, Lanza pierde todo lo que ha ganado en América, parábola de tristes referentes.
El discurso nacionalista que refleja la narrativa de la época se apoya en el tradicionalismo todavía imperante en las campañas del interior del país, “donde están refugiadas las viejas pautas patriarcales deseables en el presente”, como escribe nostálgicamente Miguel Cané, alarmado por “la desaparición de los viejos y sólidos hogares” y por el hecho de que “los sirvientes inmigrantes son ladrones y se visten como “nosotros mismos” 14. Las virtudes del pasado encarnan una generosidad que la riqueza avaramente acumulada por los inmigrantes ha desterrado. Por su parte, Miguel Cané (padre) cuando viaja a Italia resalta la pobreza y la presencia de mendigos y pordioseros en Civitavecchia: “Se diría un enjambre de hormigas esparcido sobre el territorio romano”. Estamos aquí lejos del viaje de formación cultural de Sarmiento a Italia, evocado más arriba.
Si Lucio Vicente López se lamenta en La gran aldea que “el aristocrático comercio al menudeo de la colonia” ha cedido a “las tiendas europeas de hoy, híbridas y raquíticas, sin carácter local”, Francisco Grandmontagne explica en Los inmigrantes prósperos como “los inmigrantes que llegaban a la Argentina sin más bienes de fortuna que los caminos y las estrellas, se tornan al poco tiempo altivos y soberbios”, es decir como pasan de “proletarios a propietarios”, lo que considera parte de “la grandeza de América”: poder dar soberbia a los que jamás pudieron tenerla en Europa 15.
Las reacciones políticas no tardan en llegar. En 1903 se sanciona la Ley de Residencia en la que se subraya “el peligro de ciertos elementos exóticos”, incorporados a la población y “amparados ilimitadamente por las leyes vigentes relativas al extranjero”, por lo que se hace necesario “excluir del territorio nacional a los extranjeros que sólo traen a él propósitos de perturbación o conmoción social”. La ley se completa en 1910 con la Ley de Defensa social, textos que parecen dar una tardía razón a Miguelín, personaje de La Bolsa, cuando exclama:
Todo lo que no tiene cabida en el viejo mundo, viene a guarecerse y medrar entre nosotros. El gobierno debería ocuparse de seleccionar 16.
No faltan en esta narrativa los irónicos comentarios sobre los menospreciativos señoritos porteños, ociosos y aristocratizantes, que critican la invasión de gringos, bachichas y gallegos y la irrupción en la sociedad de “apellidos que están oliendo a cebolla o a liencillo”, como escribe Fray Mocho en sus Cuentos.
La antinomia inmigrante/criollo se polariza al punto de que Silverio Dominguez, “Ceferino de la Calle”, titula una de sus novelas Palomas y gavilanes (1886), la historia de un par de emigrantes de origen italiano -los gavilanes- seduciendo por interés económico a inocentes criollas -“las palomas”. Sin embargo, Carlos María Ocantos reconoce en Promisión (1897) la capacidad de trabajo y el tesón de quienes, si bien buscan un fácil El Dorado, lo encuentran sólo a través de la perseverancia y el esfuerzo sacrificado. Por ello, exclama:
¡Qué país! ¡Qué país!. Aquí todos comen y respiran al aire libre y van medrando y éste se hace propietario, el otro pobre bracero en su aldea, se convierte en señor de coche y palco....17.
Virtudes del inmigrante y literatura popular
Al mismo tiempo, la literatura popular describe con simpatía las virtudes del inmigrante en un tono entre costumbrista y realista. Comidas sencillas y cantos alegres, el pintoresco griterío de “conventillos” y barrios modestos, el sentido de la familia, la capacidad de adaptación y de trabajo, pasan a ser los nuevos tópicos de una identidad argentina que integra a su tipología los frutos de la inmigración masiva. El lenguaje refleja esta carga ambivalente de afecto conmiserativo, menosprecio o celos, según las circunstancias, con que se bautiza al inmigrante: “gallego”, “ruso”, “judío”, “gringo” o “bachicha” para el italiano18.
En ese momento, se va comprendiendo la inevitable convivencia social entre criollos y gringos, entre “paisanaje y gringaje”, como representa pocos años después Roberto J.Payró en El casamiento de Laucha, la historia de la pobre inmigrante italiana Carolina burlada por un criollo. El mundo de Payró, especialmente en Pago Chico refleja la compleja composición étnica de la Argentina, representado arquetípicamente en un pequeño pueblo donde abundan los italianos (la “Sapateria espacio de Bebida”, el Café Cármine, el Doctor Fillipini) y los “bolicheros” y repartidores gallegos. Con realismo crudo -y sin dejar lugar a la ilusión del destino americano- en el relato “Inmigrantes a bordo” el mismo Payró narra la forma en que viajaban los emigrantes:
Mi pasaje de tercera me dio un sitio entre cuatrocientas cincuenta pobres diablos como yo, que llenan el entrepuente convirtiéndolo en una especie de plaza de aldea en día de mercado, pero sin aire, ni luz, ni alegría. Está rebosando de hombres, mujeres, niños, en revuelta confusión, que hablan todos los idiomas, exhalan todos los olores, visten todos los harapos...No te puedes imaginar lo que una persona medianamente educada, por mucho que sea la amplitud de su espíritu, padece en lo físico y lo moral durante uno de estos viajes dolorosos y deprimentes 19.
El mito de la tierra prometida
Detrás de la narrativa de contenido realista y social, cuando no pintoresco o costumbrista, se va delineando, sin embargo, el mito de la Tierra Prometida americana. Gracias a la intensidad de su proyección puede comprenderse la asimilación, integración y transculturación cultural operada en la sociedad argentina.
El mito es movilizador en el origen de la decisión de emigrar y creador de una tensión utópica positiva en el proceso de fundación del nuevo territorio. En efecto, el mito permite que la vida apretujada y miserable de los inmigrantes en el barco que los transporta a América -en la novela Pasajeros de tercera de Juan Francisco Caldiz- se alimente de la esperanza de la llegada a la Tierra Prometida. Verdadero “conventillo flotante”, la travesía hecha de hacinamiento y escasez, se soporta gracias a la intensidad del anhelo proyectado en el Nuevo Mundo.
El mito permite igualmente que “el gallego ascienda a banquero” 20, como novela Francisco Grandmontagne en Teodoro Foronda (1896) una obra que traza el recorrido social de un inmigrante español, pautado por el esfuerzo, las dificultades y el triunfo económico. Subtitulada “Evoluciones de la sociedad argentina” y situada en 1866, esta novela documenta -como otras del género- la inserción de la inmigración en el período constitutivo de la nacionalidad. Teodoro Foronda empieza su fortuna a través del trabajo tenaz y empeñado en un gran almacén, donde se amontonan objetos de toda índole (de zapatos a ferretería, pasando por pan y artículos de construcción), llamado alusivamente La Babilonia.
Del mismo modo, pero esta vez alrededor de un inmigrante italiano, Adolfo Saldías narra en Bianchetto, la patria del trabajo las vicisitudes de los viajes en barco entre Italia y América: hacinamiento, “confusión brutal” de sexos y edades, “desaseo y miasmas”, comidas “en el suelo”. Pero la esperanza americana hace soportable el viaje y todo se transforma en ilusión en el momento del desembarco.
Más explicitado, el mito reaparece con sus bíblicas connotaciones en Los gauchos judíos de Alberto Gerchunoff. Si Israel, “Canaán”, fue la tierra prometida que salvó al pueblo judío de las persecuciones del Faraón de Egipto, América -Nueva Jerusalén aludida en muchos de los textos de la emigración- anuncia un nuevo Génesis para la humanidad perseguida.
La constante del mito de la Tierra Prometida está presente directa o indirectamente en la narrativa del tema de la inmigración del 80, pero el reflejo de la complejidad de la realidad, más allá de toda simplificación antinómica, aparece particularmente realzado en algunas novelas del siglo XX Puerto América (1942) de Luis María Albamonte y de Hacer la América (1984) de Pedro Orgambide.
El brío de la juventud americana
En Puerto América (1942) de Luis María Albamonte21, se narra la historia de Luigi Pietra, emigrante italiano que decide un día:
¡Dejar la casa hecha piedra sobre piedra por los abuelos de mis abuelos. Dejar mis hermanas, mi padre, mi madre. Dejarlos en la puerta del chiquero, en las callecitas miserables, miserables para toda la eternidad. Dejarlos prisioneros de esa vida oscura y pobre para siempre, mientras yo....! (p.13).
Las raíces de “cinco mil años” que lo adhieren al “suelo adorable” son rotas “de un zarpazo”. Se trata de “hacer la América” y para ello hay que emigrar a las antípodas (“¡Decir que ahí debajo hay otro mundo!”). En su decisión de emigrar la fuerza proviene de la proyección mítica del nuevo territorio:
-¡América! ¡Si usted supiera cómo se sueña en mi aldea con partir!.......Mis paisanos sólo viven para salir un día.... aunque se mueran en el mismo lugar en que nacieron (p.14)
Aunque se proponga volver después de “hacer la América”, Luigi, como buena parte de los inmigrantes termina siendo “constructor de América”.
Si se puede hablar de una Tierra Prometida de sustrato bíblico en la obra de Luis María Albamonte, debe también hacerse referencia a una Jauja, suelo pródigo y abundante, propiciando el mínimo esfuerzo, permitiendo imaginar que es posible “hacer la América” sin mayores dificultades, todo ello asegurado por la “juventud” del Nuevo Mundo. La representación de América es la de “una tierra grande, muy grande” (p.14), especie de Jauja donde se “arrojan los cigarrillos por la mitad”, la gente “está aburrida de comer carne” y donde “cualquiera tiene varios trajes nuevos” (p.14). En resumen: “la vida comenzará el día que lleguemos a América....” (p.52).
Sin embargo al llegar a Buenos Aires no tarda en comprender que “hay que luchar”, “trabajar como burros”, “sufrir”, porque :
Es mentira que aquí se encuentre la plata en la calle y que no hay más que salir con palas a recogerla (p.72).
Se descubre, no sin asombro, que el reino de los “elegidos”, de los que realmente “hacen la América” es de unos pocos. Son muchos los que no hacen la América y que saben que no la harán más, conforme a “un sentido misterioso que nadie conoce” (p.232).
Un modo de salvarse es la de instalar un restaurante de comidas italianas. Curiosamente, a través de la cocina, pueden conciliarse el Paraíso perdido y la Tierra Prometida:
-Y, usted sabe. Un restaurante al “uso nostro” es un pedazo de Italia aquí. Los italianos necesitamos de aquello. El vino, las salsas, las pastas, los quesos de pecora, los higos trenzados. ¿Me comprende?.
-¡Sí, es transportar el terruño a través del océano! (p.209).
La metáfora se amplía. Cuando la cantina se edifica, “era América que crecía”. El restaurante es “América en marcha”, porque “América es otra gran cantina que da de comer a todos”. La cantina es la América de él. Por esta razón, la bautiza con el nombre de Puerto América, símbolo que Albamonte proyecta en el título de la novela.
Como en otras novelas del género, es la descendencia “criolla” la que procura el arraigo definitivo. Cuando Luigi tiene un hijo, se descubre sorprendido como “hasta el presente ha vivido sin echar raíces conscientes en América” (p.252) y reconoce que “América ha hecho a mi hijo”. A partir de ese momento “todo lo que piensa es para América”. Como sugiere Germán García en un trabajo crítico sobre el tema:
Queriendo “hacer la América”, estos inmigrantes, laboriosos como las abejas, tenaces, ahorrativos, endurecidos consigo mismos, pueden ser en realidad los constructores de América 22.
En efecto, Luigi, ya convertido en Luis :
Siente el súbito deseo de dejarse caer, lejos, en una campiña solitaria, y estirado con los brazos abiertos, la espalda en la tierra grávida y perfumada, dormir profundamente (p.266).
En esta comunión con la tierra y el cielo, Albamonte vincula la integración de Luigi en el suelo de su patria de adopción, con el final del periplo iniciático de Raucho de Ricardo Güiraldes, episodio que parodiará Persio, protagonista de Los premios de Julio Cortázar: acostarse en la pampa bajo un cielo estrellado con los brazos en cruz “sobre su tierra de siempre.”
Y el mito continúa
El mito de la Tierra Prometida no termina con la esperanzada integración pregonada por Albamonte y reaparece tenazmente en otras novelas sobre el tema de la inmigración, rastreo temático que llega hasta hoy en día. Algunos títulos son representativos. En Hacer la América. Autobiografía de un inmigrante español en la Argentina de J.F. Marsal, se reitera el tópico de Buenos Aires como “meta” de la inmigración y “punto de partida” de la fortuna americana. En Cuerpo a cuerpo (1979) de David Viñas, las referencias a los mitos constitutivos de la nacionalidad forjados a través de la condición “babilónica” de Buenos Aires, constituyen el eje de una obra compleja y sugerente. Del mismo modo que en Nada que perder de Andrés Rivera y en El frutero de los ojos radiantes (1984) de Nicolás Carullo, reaparece la constante de Argentina como Tierra Prometida. En la documentada saga Santo Oficio de la memoria (1991-1997), Mempo Giardinelli reconstruye la historia familiar de los Domeniconelle a través de los fragmentos de la memoria individual y colectiva que va conformando el tejido social en el cual puede reconocerse finalmente la Argentina. Su esfuerzo, en la medida en que rastrea una copiosa documentación, es el más ambicioso que se ha realizado en la narrativa para reflejar en un vasto fresco colectivo la compleja sociedad de un país, donde el componente aluvional inmigratorio no desdibuja, sino que, por el contrario, enriquece culturalmente el país y le otorga su más genuina identidad. Por ello es, tal vez, la novela que mejor serviría para un estudio detallado de la relación entre “memoria e historia”. Dejamos abierta la sugerencia a otros posibles investigaciones futuras.
En Hacer la América (1984), Pedro Orgambide 23 abre el abanico de la integración socio-cultural a otros orígenes inmigratorios. A través del rastreo de la vida de sus cuatro abuelos, cuyas raíces italianas, españolas, criollas y judías de origen ruso, sintetizan la nación argentina contemporánea, Orgambide propone el calidoscopio de sueños, esperanzas, frustraciones y pequeñas traiciones y miserias cotidianas en que el mito se ensalza y degrada. En esta “saga” familiar se ficcionalizan las sucesivas etapas del proyecto de integración nacional, desde la apertura inicial a la Ley de Residencia y de las diversas culturas del origen hasta la síntesis de los cuatro apellidos paterno y materno en una sola persona.
“El oro flota en el aire”, se dice alborozado el inmigrante italiano Enzo Bertotti al desembarcar en Buenos Aires en la primera página de la novela. “Hay que extender la mano y agarrarlo” (p.7), se repite, convencido de que la Tierra Prometida es, antes que nada, la Jauja de los sueños de los hambrientos campesinos europeos. Pero si otros inmigrantes no lo ven o sospechan que “el oro huye en el viento del sur”, porque “es una nube de luciérnagas”, todos se convencen de que “hacer la América” supone, sobre todo, trabajar duramente en ese país situado en “el culo del mundo” (p.8).
Pero si el judío David Burtfichtz llega buscando también un porvenir -“una patria, quizá”- el gallego Manuel Londeiro comprende rápidamente que el trabajo solo no basta. Es necesario cambiar la sociedad que tolera la explotación del hombre por el hombre. Y para ello hay que empezar por enfrentarse al cerrado nacionalismo xenófobo de quienes afirman: “Si yo fuera Presidente, los echaba a todos del país”, “Por algo los largaron de sus patrias” (p.39), o el temido: “Yo les metía bala.... Pa que aprendan” (p.193), porque:
Todos ustedes son iguales, todos la misma mierda. Vienen a matarse el hambre a la Argentina y después hacen líos, se portan como delincuentes. Así agradecen, puros maulas, nada más que basura (p.75).
Sin embargo, para intentar cambiar la sociedad no se puede “trasladar mecánicamente la experiencia de Europa” (p.87). Al “gran universo plebeyo”, donde se amalgaman indios, gauchos e inmigrantes, le falta la palabra y saber qué hacer con ella. Porque, en realidad, “cada uno hace la América como quiere o como puede” (p.204), porque “cada uno sueña lo que puede” (p.303).
Unos trabajan con “obstinación”-como el italiano Enzo- porque sienten que el oro sigue estando “en el aire”, otros luchan para encontrar la palabra justa y utilizarla adecuadamente -como hace Londeiro- aunque reciba insultos y golpes, otros -como los Burtfichtz- reproducen en el barrio porteño en que viven la atmósfera y las costumbres del ghetto de Rusia y Polonia. Pero todos -como canta el payador “el negro Sabino”:
Argentinos, italianos
gallegos, turcos, judíos,
hacen bien juntos el nido
porque todos son hermanos (p.184).
Una forma de convencerse alegóricamente de que: “Ayer fue el porvenir y no nos dimos cuenta”, verdadera metáfora de un país cuyo proyecto inicial de poblamiento y desarrollo parece hoy tan lejano en el tiempo como desmedido en su ambición, pero en el cual Italia tiene una importancia fundacional indiscutible.
Notes
[1] Citado por Gladys S.Onega, La inmigración en la literatura argentina (1880-1910); Cedal, 1982; p.9.
[2] Fragmento de los Viajes de D.F.Sarmiento, tomo I. Hachette, BA, 1955; p.239 - 253.
[3] Juan Bautista Alberdi, Obras completas, Tomo III, p.88.
[4] L.Russich, en El inmigrante italiano en la novela argentina del 80, (Madrid,Playor, 1974) ofrece detalladas estadísticas por nacionalidades.
[5] Datos extraídos de "La inmigración desde mediados del siglo XlX; una nueva América Latina por Magnus Morner, revista Culturas, (Vol. 5-Nº 3, UNESCO, París, l978, p. 6O). Aun simple o motivada ingenuamente, la función de la utopía es particularmente significativa en la consolidación nacional de Estados Unidos, Argentina ,Brasil y Uruguay y, más recientemente, Venezuela.
[6] Onega, opus.cit., p.14
[7] J.B.Alberdi, Peregrinación de Luz del Día; Cedal; B.A.1983, p.27. Capítulo significativamente titulado "Casos en que poblar es asolar".
[8] El Diario, Buenos Aires, 12 de setiembre 1887.
[9] Los temas de la ciudad como amalgama étnica son abordados por autores como Héctor Pedro Blomberg en Las puertas de Babel, Enrique González Tuñón y Juan Palazzo.
[10] Julián Martel, La Bolsa, Kraft, B.A. 1956, p.95
[11] Antonio Argerich, Inocente o culpable, Biblioteca "La tradición argentina", Buenos Aires, 1933, p.4
[12] Eduardo Gutiérrez, Carlo Lanza, Ivaldi/Checchi Editores, Buenos Aires, 1890, p.13
[13] idem, p.10
[14] Miguel Cané, Prosa Ligera, citado por Onega, opus.cit.p.53.
[15] Francisco Grandmontagne, Los inmigrantes prósperos, Aguilar, Madrid, 1933, p.373.
[16] La Bolsa, op.cit.,.pag.26
[17] Carlos María Ocantos, Promisión, BA.1914, p.74.
[18] En este contexto, Mateo Booz narra como La ciudad cambió de voz”, y aborda el tema de los "turcos" inmigrantes en La tierra del agua y del sol.
[19] Roberto J.Payró, Inmigrantes a bordo, relato incluido en Violines y toneles, Capítulo, CEDAL, B.A. 1968, p.58.
[20] Germán García, La novela argentina, Sudamericana, Buenos Aires, 1952, p.81. El mismo García es autor de El inmigrante en la novela argentina, (Hachette, B.A.1970).
[21] Luis María Albamonte, Puerto América, Club del Libro, Amigos del Libro Americano, Buenos Aires, 1942. Las citas del texto corresponden a esta edición.
[22] García, op.cit.p.201.
[23] Pedro Orgambide, Hacer la América, Bruguera Argentina, B.A. 1984. Todas las

viernes, 12 de septiembre de 2008

El Martín Fierro, de José Hernández

Acá tienen los trabajos sobre el texto "¿Tradición o tradiciones?" y "Todos somos Juan Moreira", de Pedro Orgambide. Vayan mirándolos.

domingo, 24 de agosto de 2008

El Martín Fierro, corrección de control




1.








La imagen reproduce un cuadro del pintor Mario Zavattaro (nacido en Italia y
muerto en Buenos Aires en 1932): "Payador en la pulpería"

Los indios: mirada radicalmente distinta entre la Ida y la Vuelta. Contactos y miradas sobre los indios en la Ida: la experiencia de Fierro en la frontera y el reconocimiento de la valentía, de la resistencia al dolor, de la destreza con las armas y de la ferocidad de los indios en el combate. Denuncia de que los indios podían destruir todo porque los militares encargados de los fortines usaban a los soldados como una suerte de mano de obra esclava para sus chacras. Martín Fierro mata a algunos en ciertos enfrentamientos. Al final de la Ida, Fierro y Cruz hacen el proyecto de irse a vivir en tierra de indios; esperan no tener que trabajar, vivir del fruto de lo robado en los malones y evitar las injusticias del mundo "blanco"

En la Vuelta, es esencial mencionar el contraste entre la expectativa del final de la Ida y la realidad que encuentran: los indios están descriptos como absolutamente "otros" (recuerden Todorov y su texto sobre los conquistadores españoles): la descripción de su idioma -es un "lengüeteo"- de sus costumbres -"aquellos brutos", etc., aparece llena de expresiones peyorativas. Las acciones de los indios los muestran matando, emborrachándose, haciendo trabajar a las mujeres, realizando brujerías atroces...

2. Los gringos: en general, se los ve despectivamente, sobre todo a los italianos, por cobardes y torpes para las tareas del campo. Mencionar: al gringo del organito que llora cuando se lo vienen a llevar a la frontera, al inglés que cavaba zanjas. En la frontera, el gringo -italiano- centinela responde a las características estereotipadas ya mencionadas: por estar ebrio, se asusta y casi provoca la muerte de Fierro disparándole como a un enemigo. Fierro se pregunta por qué el Gobierno manda a la frontera a estos gringos.

Es a un gringo a quien Picardía despoja fácilmente de su dinero en la Vuelta.

3. Los negros: anacrónicamente, podríamos decir que Martín Fierro es racista: recuerden la provocación a la negra y a su pareja en la pulpería, a través de chistes y de la copla "A los blancos hizo Dios..."; el posterior asesinato del negro. En la Vuelta, el duelo de payada con el "moreno" sustituye al duelo a cuchillo que habría debido tener lugar, si Martín Fierro conservara sus características de la Ida. De todos modos, aunque es un duelo más civilizado, Martín Fierro -el blanco- gana y se muestra como superior al negro en la forma de tratarlo (éste lo trata de "usted" mientras que Fierro lo hace de "vos").

4. La ley: figuras negativas de autoridad. En la Ida, las falsas promesas que recibe Fierro del juez, acerca de que en seis meses serán relevados de la frontera (lo dejan tres años). Militares corruptos que hacían trabajar a los soldados en sus chacras y no en la vigilancia de las fronteras o en la lucha contra "el infiel". La vida del soldado en el fortín está mostrada como un infierno de hambre, frío, peligros, corrupción (no les pagan casi nunca, o con mucho atraso. Cuando Fierro vuelve de la frontera, entre el juez y otras autoridades, se habían arreglado para quedarse con su campo, su hacienda, etc. Miren cómo se justifica Martín Fierro, antes de payar con el moreno, por los asesinatos que cometió.

Mencionar la experiencia del hijo mayor de Fierro en la Penintenciaría (similitudes con el destino de Fierro en la frontera), del hijo segundo, a quien el juez le otorga como tutor al Viejo Vizcacha, personaje marginal en todo sentido y de Picardía, que también ha sido obligado a servir en la frontera y fue testigo de diversos episodios de corrupción.

Picardía ha vivido del delito (haciendo trampas en el juego); denuncia que la policía, en vez de perseguir a los delincuentes; denuncia presiones y diversos delitos cometidos por las autoridades en los tiempos de elecciones.

Mencionar las transgresiones a la ley en que consisten los asesinatos que protagoniza Fierro: el negro, el gaucho en la pulpería. Idem, la conducta de Cruz cuando se pasa al lado de Fierro.

5. La vida familiar: "Antes" de la frontera, aparece también idealizada: el gaucho tenía su rancho, su mujer y sus hijos y vivía en toda tranquilidad. La ida forzosa a la frontera provoca que Fierro abandone a su familia. Cuando vuelve después de desertar del ejército, se entera de que su mujer se fue con otro -frente a lo cual se muestra comprensivo, por la situación de indigencia en que ella había quedado- y de que los hijos también partieron; se lamenta por ellos y pide una bendición a Dios pero no emprende su búsqueda. En la Vuelta, Fierro dice extrañar a su mujer y a sus hijos, luego de la muerte de Cruz.

6. La amistad: su valoración opaca la de la ley. El policía Cruz valora mucho más la valentía y el coraje de Fierro que el concepto abstracto de "ley" que le pide detenerlo (describir el encuentro Fierro/Cruz). Similitudes entre las vidas de Fierro y de Cruz que facilitan la amistad (ver cantos X a XII de la Vuelta). Importante señalar la muerte de Cruz y su contexto.

7. El trabajo: la mirada bucólica/idílica sobre el trabajo en el campo "antes" (de ser llevado en una leva para la frontera). Parece la descripción de una fiesta, de un encuentro colectivo gozoso. Al contrario, luego en la frontera el trabajo aparece como una maldición que debe vivirse en medio de carencias extremas, arbitrariedades, injusticias, etc.

8. La mujer: aparece lateralmente, tanto como personaje como como tema de algunas coplas. En cuanto personajes, mencionar, caracterizar e indicar sus roles: las mujeres de Fierro y de Cruz, la negra,la cautiva maltratada por el indio; señalar que esta mujer ayuda a Fierro a liberarse del indio que lo quería matar y a partir de entonces, Fierro combate más eficazmente hasta matar al indio.

En cuanto a la mujer como tema de algunas coplas, en general, se insiste en su rol de madre y de esposa, en la necesidad del varón de cuidarla y protegerla. Las mujeres indias están vistas con los mismos rasgos negativos que los indios ("sucias, desgreñadas, más fieras que Satanás")

9. La religión: frecuentes expresiones de Martín Fierro que se dirigen a Dios (se reconoce su fliiación cristiana en general y católica en particular, a través de las expresiones sobre la Virgen María y los santos); por ejemplo, la invocación a los santos para que lo ayuden a cantar, al comienzo de la Ida.Paradójicamente, después de matar al negro en la Ida, Fierro siente remordimientos porque no se lo enterró cristianamente y podría transformarse en un alma en pena.

En la Vuelta, el hijo segundo se enamora de una viuda y recurre a un adivino/brujo para seducirla; esta desviación de la religión oficial no es eficaz: no consigue lo que quiere y un sacerdote -representante de la religión legítima sin desviaciones supersticiosas-

Recordar que en el prólogo a la Vuelta, Hernández manifiesta su preocupación didáctica frente a una masa a la que el libro serviría para enseñarle tanto hábitos de trabajo, ahorro, responsabilidad, como una religiosidad que ponga freno a sus defectos.

Otra aparición de la religión en la Vuelta se da a partir del hijo de Cruz, Picardía, con unas tías que lo obligaban a realizar distintas prácticas religiosas (rezo del rosario, recitado de oraciones, etc.) que a él lo cansaban y colaboran a su decisión de fugarse.

10. Los consejos: comparar los consejos que da el viejo Vizcacha -referirse a su vínculo con el hijo segundo de Fierro- y los que da Fierro. Particularmente, respecto de la autoridad y del cumplimiento de la ley, del vínculo con la mujer, de la vida con otros

jueves, 21 de agosto de 2008

Instrucciones para el trabajo sobre Mart{in Fierro

El Martín Fierro- Presentación en diapositivas
Realizarán un trabajo en formato de diapositivas PowerPoint que luego se verá en el sitio público http://www.slideshare.com. Los destinatarios serán otros alumnos de E2 de los próximos años. Consideren las características del lenguaje en función de eso.
Investiguen durante unos 10’ ese sitio. Busquen algún tema y vean si hay algún trabajo sobre el mismo. Vean también las características, límites, etc. de los formatos que pueden subirse.
De a pares o de a tres, trabajarán para realizar una presentación que tendrá dos partes:
a) la primera, la transformación al lenguaje de diapositivas de uno de los textos teóricos indicados. Seleccionarán frases relevantes o las sintetizarán ustedes e irán alternando cada diapositiva de texto con otra de imagen que la ilustre.
b) la segunda, la transformación al lenguaje de diapositivas de los fragmentos indicados del Martín Fierro (los consejos); allí irán alternando: una diapositiva con texto del Martín Fierro con consejos acerca de X tema; otra, con alguna letra de alguna canción de cualquier género que hable sobre el mismo tema, como estableciendo un diálogo con el Martín Fierro (un diálogo que puede mostrar semejanzas, diferencias, etc.); y una tercera, con alguna imagen que ilustre el tema, el conflicto, etc.
c) Piensen un buen cierre para el trabajo. Y obviamente, por qué sería un buen cierre.
4) Para la búsqueda de imágenes recuerden estos criterios:
a) Pueden buscar imágenes respecto de lo literal de la palabra (“familia”, e imágenes de familias) o de asociaciones que la palabra evoque, según el contexto en que aparezca el término (unidad, amor, paz, conflictos, peleas, distancia, calor, frío, etc.)
b) Para ampliar la búsqueda, utilicen otros lenguajes aparte del español. Por ejemplo, “trabajo” arroja en Google 215.000.000 resultados y “work”, 2.260.000.000. Un diccionario multilingüe los puede ayudar, ténganlo minimizado mientras trabajan:
http://www.wordreference.com/fren/
http://dictionnaire.reverso.net/?word=/forced
c) Aparte de buscar en Google/imágenes, otros sitios donde pueden encontrar algunas pertinentes: http://www.flickr.com, http://www.deviantart.com, http://www.fotosearch.fr
5) Hagan la presentación en PowerPoint; envíenla a mi correo canepamarina@gmail.com y al de alguno de ustedes para tenerla disponible y que luego yo la suba a Slideshare si ustedes no llegan.
El Martín Fierro- Presentación en diapositivas
Realizarán un trabajo en formato de diapositivas PowerPoint que luego se verá en el sitio público http://www.slideshare.com. Los destinatarios serán otros alumnos de E2 de los próximos años. Consideren las características del lenguaje en función de eso.
Investiguen durante unos 10’ ese sitio. Busquen algún tema y vean si hay algún trabajo sobre el mismo. Vean también las características, límites, etc. de los formatos que pueden subirse.
De a pares o de a tres, trabajarán para realizar una presentación que tendrá dos partes:
a) la primera, la transformación al lenguaje de diapositivas de uno de los textos teóricos indicados. Seleccionarán frases relevantes o las sintetizarán ustedes e irán alternando cada diapositiva de texto con otra de imagen que la ilustre.
b) la segunda, la transformación al lenguaje de diapositivas de los fragmentos indicados del Martín Fierro (los consejos); allí irán alternando: una diapositiva con texto del Martín Fierro con consejos acerca de X tema; otra, con alguna letra de alguna canción de cualquier género que hable sobre el mismo tema, como estableciendo un diálogo con el Martín Fierro (un diálogo que puede mostrar semejanzas, diferencias, etc.); y una tercera, con alguna imagen que ilustre el tema, el conflicto, etc.
c) Piensen un buen cierre para el trabajo. Y obviamente, por qué sería un buen cierre.
4) Para la búsqueda de imágenes recuerden estos criterios:
a) Pueden buscar imágenes respecto de lo literal de la palabra (“familia”, e imágenes de familias) o de asociaciones que la palabra evoque, según el contexto en que aparezca el término (unidad, amor, paz, conflictos, peleas, distancia, calor, frío, etc.)
b) Para ampliar la búsqueda, utilicen otros lenguajes aparte del español. Por ejemplo, “trabajo” arroja en Google 215.000.000 resultados y “work”, 2.260.000.000. Un diccionario multilingüe los puede ayudar, ténganlo minimizado mientras trabajan:
http://www.wordreference.com/fren/
http://dictionnaire.reverso.net/?word=/forced
c) Aparte de buscar en Google/imágenes, otros sitios donde pueden encontrar algunas pertinentes: http://www.flickr.com, http://www.deviantart.com, http://www.fotosearch.fr
5) Hagan la presentación en PowerPoint; envíenla a mi correo canepamarina@gmail.com y al de alguno de ustedes para tenerla disponible y que luego yo la suba a Slideshare si ustedes no llegan.

domingo, 6 de julio de 2008

Martín Fierro: para pensar mientras leen



Respecto de la Ida:

-Recuerden que para el proyecto civilizador de la Generación del '80, el gaucho es, en algún sentido, un "otro" -con todas las dificultades que implica históricamente pensar en un "otro" sin querer asimilarlo o aniquilarlo- (recuerden a Todorov, de paso), pero es menos "otro" que el indio o el negro, ¿por qué?


-¿Qué relación con la ley establecen Fierro y Cruz?

-¿En qué se parecen las vidas de Fierro y Cruz, algo de lo cual habrá aparecido en la pregunta anterior ? ¿Cómo se relaciona eso con "civilización y barbarie"? ¿Quiénes tienen conductas "bárbaras" en la Ida?

-Sinteticen el proyecto de vida que se forjan Fierro y Cruz al final de la Ida. ¿Qué características tienen los indios según los ven estos personajes? ¿Cómo vería la Generación del '80 esta decisión de ambos?















Respecto de la
Vuelta:

-¿cómo ha sido la experiencia de Fierro y de Cruz entre los indios? Compararla con las expectativas del final de la Ida.

-Noten cuándo y cómo aparece la religión, en distintas dimensiones; ¿cuál aparece más valorada y cuál ridiculizada?

-Martín Fierro enseña, desde su experiencia de vida...¿qué enseña, qué pide hacer, qué mensajes les transmite a sus oyentes sobre la justicia, sobre la ley, sobre la libertad, sobre la autoridad?, ¿se parecen o se diferencian de los mensajes sobre esos temas en la Ida? ¿A qué puede deberse la semejanza o la diferencia?

-¿Qué personajes nuevos aparecen y con qué funciones?, ¿cómo se relacionan con los de la Ida?, etc.

-¿Puede hablarse de una evolución en el personaje de Martín Fierro, por qué?

(Las imágenes pertenecen al pintor argentino Prilidiano Pueyrredón)

sábado, 5 de julio de 2008

Trabajos para tener listos para el primer jueves después de las vacaciones

(Recibirán la consigna en clase, lo que sigue es un esquema para la organización finall)

El paisaje de la pampa, donde se desarrolla el Martín Fierro
Pulpería: Despacho de comestibles y bebidas en la campaña; almacén, tienda, taberna y lugar de juego (naipes, bochas, taba). Sitio de cita del paisanaje. En los días de fiesta, se corre la sortija. El aguardiente era la principal bebida que se expendía.
Payador
Gaucho
Esquila
Asado
Facón

Sortija
Mapuche
Tehuelche
Mate
Día de la Tradición
San Antonio de Areco