sábado 20 de febrero de 2010

Cronistas de Indias 2: Bernal Díaz del Castillo y Francisco López de Gómara
















Bernal Díaz del Castillo, Historia verdadera de la conquista de Nueva España. Capítulo XVIII (fragm. y adapt.)

De algunas advertencias acerca de lo que escribe Francisco López
de Gómora, mal informado, en su historia.

Estando escribiendo esta relación, acaso vi una historia de buen estilo, de un Francisco López de Gómora, que habla de las conquistas de Méjico y Nueva-España, y cuando leí su gran retórica, y como mi obra es tan grosera, dejé de escribir, y aun tuve vergüenza;
y estando tan perplejo como digo, torné a leer y a mirar las razones que el Gómora en sus libros escribió, e vi que desde el principio y medio hasta el cabo no llevaba buena relación, y va muy contrario de lo que fue e pasó en la Nueva-España; [...]

[...] después de bien mirado todo lo que he dicho que escribe el Gómora, que por ser tan lejos de lo que pasó es en perjuicio de tantos, torno a proseguir mi historia
para que salga a luz y se vean las conquistas de la Nueva-España claramente y como se han de ver, y su majestad sea servido conocer los grandes e notables servicios que le hicimos los verdaderos conquistadores, pues tan pocos soldados como venimos a estas tierras con el venturoso y buen capitán Hernando Cortés, nos pusimos a tan grandes peligros y le ganamos esta tierra.

Sospecho de Gómara que le dieron falsas relaciones cuando hacía aquella historia; porque toda la honra se le dio sólo al marqués don Hernando Cortés, y no hizo memoria de ninguno de nuestros valerosos capitanes y fuertes soldados [...].












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Historia General de las Indias del clérigo Francisco López de Gómara (1555) (fragm. y adapt.)

A don Carlos, Emperador de romanos, Rey de España, señor de las Indias y nuevo mundo.

Muy soberano Señor:

La mayor cosa después de la creación del mundo, sacando la encarnación y muerte del que lo crió, es el descubrimiento de Indias; y así las llaman Nuevo Mundo. (...) se puede llamar nuevo por ser todas sus cosas diferentísimas de las del nuestro.

Empero los hombres son como nosotros, fuera del color. Mas no tienen letras, ni moneda, ni bestias de carga; cosas principalísimas para el gobierno y vivienda del hombre. Y como no conocen al verdadero Dios y Señor, están en grandísimos pecados de idolatría, sacrificios de hombres vivos, comida de carne humana, habla con el diablo, sodomía, muchedumbre de mujeres y otros. El trabajo y peligro vuestros españoles lo toman alegremente, así en predicar y convertir como en descubrir y conquistar.












(dibujo de uno de los pocos códices indígenas que existen)

El sitio de la isla Española y otras particularidades

En lengua de los naturales de aquella isla se dice Haití.Es tierra fertilísima; y así había en ella un millón de hombres, que todos o los más andaban en puras carnes, y si alguna ropa se ponían, era de algodón. Son estos isleños de color castaño claro, de mediana estatura ; tienen ruines ojos, mala dentadura, muy abiertas las ventanas de las narices, y las frentes demasiado anchas; se las dejan así la propósito las parteras por gentileza y para que sean fuertes; porque si les dan una cuchillada en ella, antes se quiebra la espada que el casco. Ellos y ellas son lampiños pero todos crían cabello largo, liso y negro.

La religión de la isla Española

El principal dios que los de aquella isla tienen es el diablo, que le pintan como se les aparece, y aparéceseles muchas veces, y aun les habla. Otros infinitos ídolos tienen, que adoran diferentemente, y a cada uno llaman por su nombre y le piden su cosa. A uno agua, a otro maíz, a otro salud y a otro victoria. Hácenlos de barro, palo piedra y de algodón relleno.

Cuentan que un ídolo llamado Corocoto, que adoraba el cacique Guamareto, se iba del oratorio, donde atado estaba, a comer y gozar con las mujeres del pueblo y de la comarca, las cuales parían los hijos con dos coronas, en señal que los engendró su dios, y que el mismo Corocoto salió por encima el fuego, quemándose la casa de aquel cacique. A otro ídolo de Guamareto llamaban Epilguanita, que tenía cuatro pies, como perro, y se iba a los montes cuando lo enojaban, al cual tornaban en hombros y con procesión a su templo. Tenían por reliquia una calabaza, de la cual decían haber salido la mar con todos sus peces; creían que de una cueva salieron el Sol y la Luna, y de otra el hombre y mujer primera.

Largo sería de contar semejantes embaucamientos pero éstos son alguna muestra de sus grandes supersticiones y ceguedad, de su cruel y endiablada religión , especialísimamente de los mexicanos. Los sacerdotes del diablo, a los cuales llaman bohitis, son casados con muchas mujeres, pero andan diferentemente vestidos. Tienen gran autoridad, por ser médicos y adivinos, aunque no dan respuestas ni curan sino a gente principal y señores; cuando han de adivinar y responder a lo que les preguntan comen una yerba que llaman cohoba, molida o por moler, o toman el humo de ella por las narices, y con ello salen de seso y se les representan mil visiones. Acabada la furia y virtud de la yerba, vuelven en sí. Cuentan lo que han visto y oído en el concejo de los dioses, y dicen que será lo que Dios quisiere; pero responden lo que el preguntador quiere escuchar, o con palabras por las que no puedan luego ser acusados. Para curar, toman también de aquella yerba cohoba, que no la hay en Europa: enciérranse con el enfermo, rodeándolo tres o cuatro veces, echan espumajos por la boca, hacen mil visajes con la cabeza y soplan luego el paciente y chúpanle por la nuca, diciendo que le sacan por allí todo el mal. Pásale después muy bien las manos por todo el cuerpo, hasta los dedos de los pies, y entonces salen a echar la dolencia fuera de casa, y algunas veces muestran una piedra o hueso o carne que llevan en la boca y dicen que luego sanará, pues le sacaron lo que causaba el mal; guardan las mujeres aquellas piedras para bien parir, como reliquias santas.

Costumbres

Andan desnudos. Casa cada uno con cuantas mujeres quiere o puede; el cacique Behechio tenía treinta mujeres; una es la principal y legítima para las herencias: todas duermen con el marido, como hacen muchas gallinas con un gallo, en una pieza; no guardan más parentesco que con madre, hija y hermana, y esto por temor de tener mala muerte. Lavan las criaturas en agua fría por que se les endurezca el cuero, y aun ellas se bañan también en fría recién paridas, y no les hace mal.

Estando parida y criando es pecado dormir con una mujer. Facilísimamente se juntan los hombres con las mujeres, y aun como cuervos o víboras, y peor; dejando aparte que son grandísimos sodomíticos, holgazanes, mentirosos, ingratos, mudables y ruines. De todas sus leyes esta es la más notable: que por cualquiera hurto empalaban al ladrón. También aborrecían mucho a los avarientos. Entierran con los hombres, especial con señores, algunas de sus más queridas mujeres o las más hermosas y otras se quieren enterrar con ellos por amor. Asiéntanlos en la sepultura y pónenles alrededor pan, agua, sal, fruta y armas.

Pocas veces guerreaban sino por cuestiones de límites o por las pesquerías, o con extranjeros, y entonces consultan a los ídolos o a los sacerdotes que adivinan. Sus armas eran piedras y palos, que sirven de lanza y espada, a quien llaman macanas. Átanse a la frente ídolos chiquitos cuando quieren pelear. Tíñense para la guerra con jagua, que es zumo de cierta fruta. Las mujeres se untan con estas colores para danzar , bailan cantando romances en alabanza de sus ídolos y de sus reyes y en memoria de victorias y sucesos notables y antiguos. Bailan muchos y mucho, y alguna vez todo un día con su noche. Acaban borrachos de cierto vino de allá .

Son muy obedientes a sus caciques, y así no siembran sin su voluntad ni cazan ni pescan, que es su principal ejercicio, y la pesca es su ordinario manjar, y por eso vivían orillas de lagunas y riberas de ríos, y por eso venían a ser grandísimos nadadores ellos y ellas. En lugar de trigo comen maíz, que parece algo al panizo. También hacen pan de yuca, que es una raíz grande y blanca como nabo, la cual rayan y estrujan, porque su zumo es ponzoña. No conocían el licor de las uvas, aunque había vides; y así, hacían vino del maíz, de frutas y de otras yerbas muy buenas, que acá no las hay. No tienen letras, ni pesos, ni moneda, aunque había mucho oro y plata y otros metales, ni conocían el hierro.

De la libertad de los indios












Libres dejaban a los indios al principio los Reyes Católicos, aunque los soldados y pobladores se servían de ellos como de cautivos en las minas, labranza, cargas y conquistas que la guerra lo llevaba. Mas el año de 1504 tomaron por esclavos a los caribes, por el pecado de sodomía y de idolatría y de comer hombres. Después que los caribes mataron a los españoles en Cumaná y asolaron dos monasterios que allí había, uno de franciscos y otro de dominicos, se hicieron muchos esclavos en todas partes sin pena ni castigo, porque Tomás Ortiz, fraile dominico, y otros frailes, aconsejaron la servidumbre de los indios, y para persuadir que no merecían libertad presentó cartas y testigos en Consejo de Indias, siendo presidente fray García de Loaisa, confesor del emperador, e hizo un razonamiento:

Los hombres de tierra firme de Indias comen carne humana, y son sodomitas más que generación alguna. Ninguna justicia hay entre ellos; andan desnudos; no tienen amor ni vergüenza; son como asnos, abobados, alocados, insensatos; no les importa matarse y matar; no guardan verdad sino es en su provecho; son inconstantes, ingratísimos y amigos de novedades; précianse de borrachos, tienen vinos de diversas yerbas, frutas, raíces y grano; emborráchanse también con humo y con ciertas yerbas que los saca de seso; son bestiales en los vicios; ninguna obediencia ni cortesía tienen jóvenes a viejos ni hijos a padres; son traidores, crueles y vengativos, nunca perdonan; enemigos de religión, haraganes, ladrones, mentirosos y de juicios bajos y apocados; no guardan fe ni orden; no se guardan lealtad maridos a mujeres ni mujeres a maridos; son hechiceros, agoreros, nigrománticos; son cobardes como liebres, sucios como puercos; comen piojos, arañas y gusanos crudos donde quiera que los hallan; cuando se olvidan de las cosas de la fe que aprendieron, dicen que son aquellas cosas para Castilla y no para ellos, y que no quieren cambiar costumbres ni dioses; con los enfermos no tienen piedad ninguna, y aunque sean vecinos y parientes los desamparan al tiempo de la muerte, o los llevan a los montes a morir con un poco de pan y agua; cuanto más crecen se hacen peores; hasta diez o doce años parece que han de salir con alguna crianza y virtud; de allí adelante se tornan como brutos animales; en fin, digo que nunca crió Dios tan cocida gente en vicios y bestialidades, sin mezcla de bondad o buena conducta. Juzguen ahora. Los que los hemos tratado, esto hemos conocido de ellos por experiencia.

por lo cual el emperador declaró que fuesen esclavos. Pero el papa Paulo III declaró que los indios eran hombres y no bestias, libres y no esclavos. Insistió después en esto fray Bartolomé de las Casas, y mandó el emperador que nadie los haga esclavos.

Justo es que los hombres que nacen libres no sean esclavos de otros hombres, especialmente saliendo de la servidumbre del diablo, por el santo bautismo, y aunque la servidumbre y cautiverio, por culpa y por pena es del pecado, según declaran los santos doctores Agustín y Crisóstomo, y Dios quizá permitió la servidumbre y trabajo de estas gentes de pecados para su castigo.

Alabanza de españoles

Tanta tierra como dicho tengo han descubierto, andado y convertido nuestros españoles en sesenta años de conquista. Nunca jamás rey ni gente anduvo y conquistó tanto en tan breve tiempo como la nuestra, ni ha hecho ni merecido lo que ella, así en armas y navegación como en la predicación del santo Evangelio y conversión de idólatras; por lo cual son españoles dignísimos de alabanza en todas las partes del mundo. Buena gloria es de nuestros reyes y hombres que hayan hecho a los indios tener un Dios, una fe y un bautismo, y les hayan quitado la idolatría, los sacrificios de hombres, y el comer carne humana, la sodomía y otros grandes y malos pecados, que nuestro buen Dios mucho aborrece y castiga. Hanles también quitado la muchedumbre de mujeres; hanles enseñado las letras, que sin ellas son los hombres como animales, y el uso del hierro, tan necesario; asimismo les han mostrado muchas buenas costumbres, artes y formas de organizarse para mejor pasar la vida; lo cual todo vale, sin duda , mucho más que la pluma ni las perlas ni la plata ni el oro que les han tomado, sobre todo porque no usaban de estos metales en moneda, que es el uso natural. El mal que hay en ello es haber hecho trabajar demasiado a los indios en las minas, en la pesca de perlas y en las cargas. Han hecho morir a muchos indios así.